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Tercer batallón de fusileros marinos, una unidad militar vasca que no cuajó

29 Novembre 2011 , Rédigé par francaislibres.over-blog.com Publié dans #FNFL

Source : http://www.deia.com/2011/11/19/sociedad/historias-de-los-vascos/tercer-batallon-de-fusileros-marinos-una-unidad-militar-vasca-que-no-cuajo

 

 

 

Tercer batallón de fusileros marinos, una unidad militar vasca que no cuajó

La oposición de los británicos impidió su constitución en la II Guerra Mundial

Juan Pardo San Gil - Sábado, 19 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 05:41h

 

tercerbatallon_11.jpg

Oficiales del tercer Batallón de Fusileros Marinos, en septiembre de 1941.

 

 

 

LA desaparición del lehendakari Aguirre en mayo de 1940 y el paso a la clandestinidad de sus consejeros, tras la invasión alemana de Francia, desorganizó completamente la maquinaria administrativa del Gobierno vasco. Solo siguieron funcionando las Delegaciones del Gobierno en el exterior. Ante el vacío de representatividad surgido por la desaparición del lehendakari y sus consejeros, un grupo de dirigentes del EBB en Inglaterra, el exministro de la República y diputado del PNV Manuel de Irujo y el delegado en Londres, Lizaso, tomaron la decisión de crear un organismo que cubriera interinamente ese vacío y asumiera las labores de Gobierno. El organismo se constituyó el 11 de julio de 1940 bajo la denominación de Consejo Nacional de Euzkadi-Euzkadiko Batzar Nagusia.

El Consejo Nacional ofreció su colaboración al Gobierno británico pero no obtuvo la acogida que esperaba. La marcha de la guerra había dictado, en aquellos momentos, una posición británica de apaciguamiento con Franco. Inglaterra, convertida en el último baluarte de las democracias occidentales que combatía al nazismo, no deseaba aumentar el número de sus enemigos y quería evitar a toda costa que Franco entrara en guerra y atacara la estratégica base de Gibraltar. Cualquier acción que supusiera un reconocimiento del problema nacional vasco podía inducir una respuesta agresiva de Franco.

A sugerencia británica, el Consejo Nacional inició contactos con la Francia Libre y pronto pudo comprobar que los franceses también estaban interesados en mantener una relación más estrecha. Las conversaciones hasta llegar a un acuerdo de colaboración duraron seis meses. Finalmente el pacto se firmó el 17 de mayo de 1941. Los aspectos más significativos eran tres: incorporación de voluntarios vascos a una unidad de las Fuerzas Francesas Libres, cooperación económica y comercial y colaboración de los Servicios Vascos de Información con los franceses.

 

 

oficiales_11.jpg  Varios oficiales durante un curso de armas ligeras, en Browndown, desarrollado del 30 de septiembre al 18 de octubre de 1941.

 

 

UNA UNIDAD MILITAR VASCA

Desde el principio, el Gobierno británico no vio con buenos ojos el Acuerdo y pidió a los franceses que se mantuviera en secreto y se suspendiera provisionalmente su ejecución. No obstante, el Consejo Nacional Vasco intentó que se pusiera en marcha aun con esas limitaciones. El 11 de junio, Manuel de Irujo dirigió un telegrama a De Gaulle proponiendo constituir una unidad militar vasca dentro de las Fuerzas Francesas Libres. La idea se trasladó al jefe del Estado Mayor del Ejército pero no tuvo acogida favorable. La propuesta fue entonces remitida a la Marina. En esta ocasión, la acogida del comandante de las Fuerzas Navales Francesas Libres (FNFL), vicealmirante Muselier, fue muy positiva. Muselier se convertiría en adelante en uno de los principales impulsores de la idea.

El reclutamiento debía realizarse con la máxima discreción. El 24 de julio, el jefe de Estado Mayor de las FNFL, capitán de navío Moret, inició los contactos con los oficiales que habían ofrecido sus servicios al Consejo Nacional de Euzkadi, unos eran de origen vasco y otros republicanos antinegrinistas que veían en Manuel de Irujo, exministro de la República, un nexo de unión con la legalidad republicana. El 10 de septiembre remitió a Lizaso el cuadro de oficiales de la nueva unidad. Al día siguiente se creaba el tercer Batallón de Fusileros Marinos de las FNFL.

Los oficiales seleccionados ingresaban en las FNFL con uno o dos grados menos de los que tenían en el Ejército republicano. El cuadro de oficiales quedó formado por los capitanes de corbeta Servando Marenco Reja (jefe del batallón) y Juan de Arce (jefe de reclutamiento), médico de 1ª Angel Agirretxe, alféreces de navío de 1ª José Mª Abizanda Ballabriga y Antonio González, alférez de navío de 2ª Juan de Basabe y aspirante Servando Marenco Delgado. Más adelante se incorporarían el oficial de administración Antonio Gamarra, el teniente de navío Rosendo Piñeiroa y los alféreces de navío de 1ª Julian Hickman Urrutia y Antonio Vera. Además se asignó como oficial de enlace el alférez de navío de 1ª Philip Kieffer, futuro creador de los comandos de la Marina, que hablaba inglés y español.

A la par, Moret remitió a Lizaso el Reglamento del Batallón. En él se establecía que la lengua de mando sería el francés; en el interior del Batallón se emplearía el español, y en las secciones compuestas por vascoparlantes las órdenes podrían ir en euskera. También autorizaba el uso de banderas e insignias particulares que contribuyeran a estimular el alistamiento de voluntarios o el prestigio de la unidad.
Todos los oficiales tenían una capacitación adquirida en la Guerra Civil y solo era necesaria una formación complementaria para adaptación y conocimiento de los medios y métodos de los Aliados. Los meses siguientes realizaron cursos de armas ligeras y de operaciones de desembarco. Mientras tanto, llegaron al cuartel del Batallón en Camberley los primeros voluntarios. Todos eran latinoamericanos, unos de origen vasco, otros de familias de tradición cultural francesa y otros simplemente simpatizantes de la causa aliada que preferían servir en una unidad con gente de su misma lengua. Los voluntarios se alistaban a través de las oficinas de la Francia Libre en sus países o procedían de otros destinos dentro de las FFL. El Batallón quedaría finalmente integrado por oficiales de origen vasco o español y tropa de origen latinoamericano.
Finalizados los cursos de preparación, los dos Marenco, padre e hijo, fueron destinados a una misión especial en Brazzaville. Debían vigilar las actividades alemanas en las posesiones españolas en Guinea Ecuatorial. Tenían que contactar con los vascos de la colonia, para recoger información y preparar una lista de simpatizantes aliados, susceptibles de ser utilizados para sus fines. Una acción militar directa quedaba excluida a menos que España entrara en guerra. Pero los oficiales tardarían mucho en llegar a Brazzaville y apenas tendrían tiempo de realizar la misión porque la disolución del Batallón en 1942 les obligaría a regresar.

Al salir Marenco para África, le sustituyó al frente del Batallón el capitán de corbeta Arce. En enero de 1942 se formó la primera compañía bajo mando del teniente de navío Piñeiroa y el 14 de febrero, el capitán de navío Moret le pasó revista. En el mismo acto, Moret hizo entrega a los voluntarios de la nueva insignia del Batallón. La primera insignia utilizada había sido una pequeña ikurriña colocada en la parte izquierda del pecho. La definitiva reproducía una cruz blanca sobre fondo rojo y encima el roble de Gernika, combinando los colores de la ikurriña, y con las cadenas de Navarra orlando el conjunto. Esta vez fue colocada en la parte derecha del pecho, en el lugar que habitualmente ocupaba la cruz de Lorena en los uniformes de las FNFL.

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El alférez de navío de 2ª Juan de Basabe impone la insignia de la unidad a uno los fusileros marinos.

 

DISOLUCIÓN DEL BATALLÓN

Pero el Batallón tenía los días contados por la oposición de los británicos. Oficialmente, el tercer Batallón de Fusileros Marinos no era más que una unidad en formación de las FNFL. El Foreign Office no conoció su carácter vasco hasta varios meses después. Cuando lo supo, impidió que la Comisión de Reclutamiento se trasladara a América o que se cursaran órdenes telegráficas para constituirla allí. El propio De Gaulle, en una entrevista que tuvo con Lizaso el 6 de enero, le transmitió las dificultades que los ingleses estaban poniendo a la unidad vasca.

Y la oposición no venía solo del lado británico. El propio Estado Mayor del general De Gaulle, formado por oficiales derechistas, veía en estas tropas de lengua española una reunión de elementos subversivos. Así que hizo todo lo posible para dificultar su reclutamiento. Varios voluntarios sudamericanos que habían solicitado su ingreso en el Batallón fueron incorporados a destacamentos franceses que partían para África, sin contestar a su solicitud. El resultado de todos estos obstáculos fue que la unidad no llegó a superar nunca los 80 hombres.
Además en el seno de la Francia Libre se produjo otro hecho que influiría sobre el futuro del Batallón. Como consecuencia de las diferencias que venían salpicando las relaciones entre De Gaulle y Muselier desde 1940, De Gaulle relevó a Muselier del mando de las FNFL el 4 de marzo de 1942 y nombró en su sustitución al contralmirante Auboyneau. El relevo provocó graves tensiones dentro de las FNFL, con conatos de huelga, protestas y dimisiones entre los marinos. Finalmente, Auboyneau asumió el mando el 20 de abril y Muselier comunicó a De Gaulle el 15 de mayo que su colaboración con él había terminado.

Con la salida de Muselier, desapareció también el principal valedor del Batallón. El 23 de mayo, el almirante Auboyneau firmaba la orden de disolución del tercer Batallón de Fusileros Marinos. La disolución había sido acordada por el Comité Nacional Francés ante "la posición adoptada por el Gobierno británico que ve inconvenientes para permitir la constitución en su territorio, bajo etiqueta francesa, de una importante fuerza compuesta de hombres de nacionalidad no francesa e invoca, contra el principio mismo del reclutamiento en curso, los acuerdos Churchill-De Gaulle". En la misma orden se daban tres opciones para los voluntarios: la Legión Extranjera, el Batallón de Fusileros Marinos franceses de Levante o la desmovilización.
Los voluntarios dejaron su decisión a lo que resolviera el lehendakari Aguirre, que había asumido de nuevo la dirección del Gobierno vasco. Este les dio libertad de acción: la mayoría de los oficiales y algunos soldados decidieron continuar en la Fuerzas Francesas Libres, el resto optó por la desmovilización. Antes de producirse la disolución, el general De Gaulle presidió un solemne desfile de la compañía Piñeiroa y al finalizar le dijo textualmente: "La disolución de la unidad he tenido que decretarla en contra de mi voluntad. Motivos de orden diplomático lo han exigido así. Yo no estoy en mi país. Si nos hubiéramos encontrado en Francia nunca hubiera sido decretada". En conversación privada afirmó además que el Duque de Alba, embajador franquista en Londres, había formulado una queja al Foreign Office por cuyo motivo este había exigido la disolución de la unidad vasca.

Después de la liberación de Francia en 1944, el Gobierno británico comunicó tanto al Gobierno francés, como a la Delegación vasca, que la suspensión de aplicaciones y el secreto del Acuerdo franco-vasco quedaban levantados por lo que afectaba a Gran Bretaña. Este gesto no tenía ya ningún efecto puesto que la situación que había dado origen al Pacto había cambiado sustancialmente. Y el camino abierto por el tercer Batallón de Fusileros Marinos lo tomaba entonces el Batallón Gernika.

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